Ciudad Abierta

En años recientes, ha surgido un interés mundial por conceptos como gobernanza urbana y gobierno abierto, haciendo énfasis en la participación y colaboración ciudadana. Sin embargo, muchas de las discusiones se quedan a nivel teórico o se confunden con nociones tales como datos abiertos o gobierno electrónico. Dado que el Laboratorio para la Ciudad nace como área experimental y también como un nuevo puente entre ciudadanía y gobierno, centramos nuestras actividades en la participación y colaboración en contextos de desconfianza histórica.

Por ende, desde este enfoque, ¿cómo repensar la participación ciudadana desde experimentos puntuales y crear nuevos mecanismos y metodologías de incidencia y cambio?, ¿puede el talento y conocimiento ciudadano ayudar a resolver retos cuando se trabaja en equipo con el gobierno?, ¿cómo diseñar instituciones y procesos desde gobierno que tengan la capacidad de reaccionar con velocidad y dinamismo a coyunturas sociales con la ciudad?

La desconfianza hacia las instituciones, los representantes y la democracia se encuentra en niveles bajos a nivel internacional y particularmente en México. De acuerdo con un estudio sobre la aprobación de la democracia realizado en 2017 a 36 países por el Pew Research Center, el 93 por ciento de los mexicanos afirman estar en desacuerdo con el funcionamiento de su sistema democrático, ubicando a México como el país con la menor aprobación por la democracia de los países evaluados con una media del 52 por ciento.

Esta percepción negativa del modelo democrático tiene también impacto a nivel local, más si se considera que ésta ha sido nutrida a lo largo de la historia nacional por diversas élites políticas que han ejercido el poder con ineficientes, corruptos y en ocasiones inexistentes contrapesos o control, inspirando una sólida base de desconfianza hacia los políticos e instituciones. Y como consecuencia se presenta un déficit de legitimidad en cualquier iniciativa proveniente del gobierno.

La desconfianza histórica se ve potenciada con la falta de espacios participativos y de colaboración. Por años, estos mecanismos han sido burocratizados en donde la participación se presenta más como una concesión hecha por el gobierno hacia los ciudadanos más que un derecho intrínseco de estos.

La participación ciudadana está sujeta a instrumentos y canales limitados y estáticos, sujetos a lógicas legislativas y administrativas. Bajo este contexto, la participación queda entendida como una posibilidad frenada por requisitos inalcanzables por una persona común, orillando a la burocratización de un Derecho Humano.

En el caso específico de la Ciudad de México, los mecanismos de democracia directa y participativa son relativamente nuevos, al tratarse de una democracia joven cuyas primeras elecciones tomaron lugar en 1997. Sin embargo, esta percepción de desconfianza generalizada y participación burocratizada impactan las relaciones entre el gobierno y la ciudadanía. A medida que los desafíos urbanos se vuelven más complejos se vuelve más evidente la necesidad de soluciones colaborativas aprovechando el talento ciudadano, reconociendo la diversidad y la inteligencia colectiva como un recurso valioso de una ciudad efervescente como la CDMX.

En este contexto se crea Ciudad Abierta como el área del Laboratorio para la Ciudad encargada de iniciar por primera vez dentro del gobierno la conversación sobre la importancia de la apertura y la integración de activos, conocimientos y habilidades de los ciudadanos en la resolución de problemas compartidos.

Reconociendo que la apertura por default es imposible e ineficiente y ante la lucha contra una desconfianza enorme e histórica, Ciudad Abierta plantea promover a partir de experimentos concretos experiencias puntuales de cómo el conocimiento abierto, la formación de ecosistemas colaborativos y la participación pueden generar valiosos resultados y procesos.

La apertura es una actitud que acepta nuevas ideas, métodos y procedimientos para que se establezcan ciclos de iteración y mejora continua en la solución de problemas públicos. Una Ciudad Abierta es una ciudad que pregunta, escucha y colabora, donde sus agentes de transformación coordinan esfuerzos, y asignan sus recursos de manera colaborativa para superar retos a partir del conocimiento abierto y el diálogo permanente. Re-entendiendo a la democracia como una forma de hacer y construir comunidad, recuperando la confianza ciudadana si bien no en todo el gobierno, si en procesos específicos.

Hablamos de una Ciudad Abierta porque más allá de una estrategia de gobierno abierto enfocada exclusivamente en los datos o la innovación digital, se plantea la necesidad de entender las posibilidades que la ciudad ofrece a las personas, y viceversa en la generación de valor público.

Entendiendo al gobierno como un espacio de encuentro y un catalizador, la ciudad como un espacio de posibilidades y el ciudadano como el centro de todo, reconociendo que la esencia de las ciudades, y por lo tanto su capacidad de crearse y reconstruirse, radica en las personas que la habitan.

Ciudad Abierta logró poner en práctica la teoría y marcar la pauta para que las personas se encuentren al centro de todos los experimentos del Laboratorio: no existe uno sólo que no haya explorado de diferentes formas el valor (y los retos) de la participación.

La estrategia Ciudad Abierta ha tenido dos objetivos: impulsar que las agendas ciudadanas tengan canales de entrada a las distintas dependencias de gobierno a través de nuestros propios ejes, creando experiencias positivas que incentiven a otras dependencias a la apertura, y poder identificar el valor agregado de los sospechosos no comunes –es decir, gente que normalmente no cuenta con los medios o plataformas para hacerse escuchar– para la solución de los retos urbanos.

Teoría de Cambio

El concepto de gobierno abierto se ha concebido erróneamente como sinónimo de gobierno electrónico, innovación digital y datos abiertos, la verdadera apertura parte desde el reconocimiento del ciudadano como el foco de la gobernanza.

En este sentido, si se genera una estrategia de ciudad abierta -compuesta por cambios culturales y cambios estructurales en la agenda de la CDMX- que promueva la formación de grupos y ecosistemas de colaboración entendiendo el protagonismo de los ciudadanos en los procesos públicos, el rol del gobierno como catalizador de ideas y asumiendo a la ciudad como espacio de oportunidades, será posible a mediano y largo plazo:

  • Identificar las capacidades ciudadanas creativas y creadoras para enfrentar desafíos, desarrollar soluciones y capitalizar oportunidades para la ciudad desde quienes viven en ella.
  • Facilitar a través de ejercicios la apertura nuevos formatos para la realización de eventos gubernamentales que fomenten un cambio de actitud en los funcionarios frente a la innovación y la experimentación, así como la percepción que los ciudadanos tienen de los servidores públicos y la democracia.
  • Impulsar cambios normativos que acompañen cambios culturales a través de experimentos de cocreación de legislación y de políticas públicas.
  • Promover una noción de participación ciudadana que trascienda los formalismos y los instrumentos normativos previstos en nuestro marco jurídico para hacer exigible este derecho en las coyunturas políticas y sociales de suma relevancia para nuestra ciudad.
  • Superar el entendimiento de la participación como una concesión hecha en la estructura vertical del gobierno, y empezar a hablar en términos de responsabilidades compartidas dentro de nuevos modelos de gobernanza distribuida.
  • Superar la visión del Estado como el proveedor absoluto de servicios, y empezar a hablar de lo que significa ser gobierno en una megalópolis como la nuestra.
  • Entender la ciudad como una plataforma, y como un sistema de sistemas donde cada uno funciona con eficiencias y activos únicos, pero donde el gobierno provee las herramientas necesarias para poder mapear la imaginación de los individuos, donde se articula la inteligencia colectiva, las habilidades y la creatividad en favor de la ciudad y quienes viven en ella.
  • Promover una visión de gobierno donde se facilite la realización del Derecho a la Ciudad: el derecho que tienen todas las personas de hacer ciudad y de hacerse a través de la ciudad, de las infinitas posibilidades que conviven y de las múltiples ciudades subjetivas y simbólicas que se generan constantemente en las personas que la viven.