Burocracia Creativa

Proveniente del francés bureau, que significa escritorio, y del griego krátos, gobierno, la palabra burocracia se refiere al conjunto de actividades y trámites a seguir para resolver un asunto de carácter administrativo. Similar a la palabra democracia (demos, pueblo, es decir, gobierno del pueblo), la burocracia es conocida como la estructura organizacional bajo la cual están conformados los gobiernos; se trata de procesos estandarizados mediante los cuales funcionarios públicos basan la toma de decisiones en esquemas de certeza y predictibilidad, y con un manejo de recursos bajo procedimientos sistematizados que buscan la transparencia y la resolución de problemas.

Los encargados de estos asuntos son los burócratas, quienes “gobiernan detrás de un escritorio”. A menudo, este término es usado de manera peyorativa, como respuesta a la falta de confianza ante el gobierno y sus procesos. Estos procesos ‘burocráticos’ de estandarización de pasos y soluciones en serie se ven desafiados debido a su falta de entendimiento a necesidades heterogéneas y una estrechez de miras a retos que podrían tener soluciones más ligeras y óptimas. La burocracia se ha posicionado como un muro difícil de derribar en la práctica y en el imaginario, sin embargo, en los últimos años este concepto ha sido desafiado al evidenciarse la necesidad de tener una burocracia creativa, esto es, nuevas maneras de resolver, optimizar y diversificar las soluciones y los procesos de la administración pública.

A finales de la década de 1980, el británico Charles Landry, autoridad en el uso de la imaginación y la creatividad en el entorno urbano, acuñó el concepto “ciudad creativa”, y a finales de 2010 el de “burocracia creativa”. En ambos conceptos, Landry busca explicar cómo las ciudades pueden crear las condiciones para que las personas y organizaciones puedan pensar, planear y actuar con imaginación para resolver problemas y generar oportunidades. Para Landry, el término burocracia creativa pone bajo la luz la dimensión humana, toda vez que entiende que las personas están en el corazón del sistema; asimismo, coloca las experiencias vividas de trabajar en una burocracia al centro de las interrogantes. Promueve que una burocracia no es sólo una estructura u organigrama con relaciones y roles funcionales, sino un grupo de personas con vidas, emociones, aspiraciones, energía, pasiones y valores. Aunque hoy en día el término de “burócratas creativos” parece un oximorón, idealmente ellos son parte de nuestros futuros urbanos.

En el contexto local, la Ciudad de México ha evolucionado en la manera en la que busca operar con una mayor transparencia, introduciendo herramientas que permiten avanzar hacia la llamada “modernización administrativa”, que tiene como objetivo transicionar de un sistema burocrático a una gestión con capacidad de transformación que impacte la perspectiva organizativa y cultural, con características como mayor receptividad, de fácil acceso para el ciudadano, eficacia y eficiencia, utilizando nuevas tecnologías que agilicen el trabajo interno y a su vez, mejoren la comunicación con la ciudadanía, y sobre todo, con una gran capacidad de respuesta profesional por parte de quienes operan. Sin embargo, el reto es aún grande para poder llegar a los 300 mil funcionarios que trabajan en el funcionamiento de la ciudad y nos hemos quedado atrapados en nociones modernistas de nuestras ciudades y sus gobiernos.

El Laboratorio es un ejemplo del carácter cambiante que está viviendo la burocracia en el siglo XX!. Está integrado por un equipo altamente transdisciplinario, dedicado a imaginar y explorar la ciudad desde otra perspectiva. Politólogos, internacionalistas, científicos sociales, expertos en tecnología cívica y geógrafos urbanos trabajando de la mano con filósofos, historiadores, artistas, activistas, diseñadores, arquitectos, futuristas y escritores. Abriendo preguntas, generando teoría y praxis, pasando nuevas leyes, experimentando en espacio físico, creando en ocasiones nuevas herramientas digitales, colaborando tanto con renombradas universidades como con las comunidades de algunas de las zonas más marginadas de la ciudad. Siempre interesados en entender nuestra megalópolis desde sus múltiples matices, leerla desde sus datos y estadísticas, absolutamente, pero también desde sus recursos intangibles, sus imaginarios colectivos e individuales: entender más la ciudad subjetiva y visceral de donde también emana eso que llamamos realidad.

Para el Laboratorio para la Ciudad, la burocracia creativa es un formato de operación que ayuda a la creación de una mejor planeación con visión al futuro y que incite a la imaginación de lo posible, a la vez que opera de manera ágil, colaborativa, flexible y adaptable a los retos actuales y en conjunto con el talento de sus ciudadanos. En ese sentido, la burocracia creativa busca entender el lugar de la creatividad dentro del gobierno a través de la inyección de nuevas metodologías para procesos que permitan la apertura, además de instigar una nueva cultura como parte del quehacer diario..

Más allá de eficientar servicios de gobierno (importante agenda que está a cargo de otra dependencia) el Laboratorio considera que necesitamos preguntarnos creativamente por el tipo de sociedades que queremos, y entender cómo generar nuevas realidades sociales y urbanas a partir de estas visiones conjuntas para la megalópolis. Para lograr este objetivo, es importante incidir en los procesos de gobierno de cualquier secretaría o dependencia, por lo que se utiliza como herramienta fundamental la burocracia creativa para poder cumplir los objetivos establecidos.