Capital Cívico

El capital cívico es el conjunto de activos intangibles y tangibles de una comunidad y territorio que soportan e impulsan la confianza y cooperación entre vecinos, ciudadanía, instituciones y/o gobierno; así como participación en la vida pública y compromiso social, barrial y comunitario. Se refiere a actitudes, normas, valores, habilidades y conocimientos que favorecen la convivencia, la cohesión, la pertenencia, la no violencia, y la solidaridad; al igual que acciones que fortalecen las comunidades. Implica códigos para mantener acuerdos, respetar la ley y las instituciones. El capital cívico no es estático sino dinámico: puede crecer, reducirse y depreciarse; ser nutrido, fomentado, catalizado y potenciado, pero también inhibido.

Por otra parte y desde la perspectiva del Laboratorio para la Ciudad, el capital cívico es la capacidad creativa y creadora de la ciudadanía enfocada a desarrollar soluciones, enfrentar desafíos y capitalizar oportunidades para la ciudad. Se dice que la creatividad es la riqueza de los países y ciudades, pero esta se potencia cuando se convierte en capital cívico. Cuando la creatividad, imaginación y capacidad creadora ciudadana se vierten en la ciudad como recursos poderosos para regenerarla, revitalizarla y apropiársela. Cuando la capacidad creadora emana y fluye por la ciudad y se convierte en energía transformadora de sus territorios y comunidades.

La participación es una dimensión central del capital cívico. Sin embargo, es insuficiente cuando se entiende y mide sólo por interés, voluntad y la acción de levantar la mano. La participación, como un verdadero recurso y activo dentro del capital cívico, es aquella que genera cambio; cuando es capaz de transformar la vida de las personas y revitalizar las comunidades y ciudad. El capital cívico, en esta dimensión de participación, da sus mayores frutos cuando se instiga la imaginación y se articula el talento, habilidades y creatividad en favor de la ciudad y sus habitantes.

El concepto se vincula al de capital social así como al de cultura ciudadana. Este último influenciado por el trabajo de Antanas Mockus, exalcalde de Bogotá, y Sergio Fajardo, exalcalde de Medellín [1][1] Véase el documental Cultura Ciudadana: https://www.youtube.com/watch?v=oOOquH3jSE0[2][2] Véase la conferencia Del miedo a la Esperanza, de Sergio Fajardo, en: https://www.youtube.com/watch?v=mlKz1GSsXpQ&t=1006s. Estos paradigmas y abordajes han sido referentes importantes para la región, delineando otras posibilidades para leer la ciudad, enfrentar sus retos y fortalecer la cohesión. A diferencia del capital social, en donde la cohesión interna puede ir en detrimento de otros fuera del grupo o comunidad e inclusive darse en un marco de no respeto a las instituciones y de promoción de violencia, el capital cívico sí implica una noción más amplia y otras dimensiones. Una pandilla o mafia puede por ejemplo tener un capital social y cohesión interna que sin embargo se despliegan fuera del marco de la ley y normas (más allá de las que operan dentro del grupo y que además impactan adversamente lo cívico y público en lo colectivo). Mientras el capital social puede estar vinculado únicamente a la generación de valor comunitario dentro de la comunidad o grupo al que se refiere, el capital cívico se encuentra relacionado a la generación de valor público más allá de los límites de esa comunidad específica. Además, mientras que el capital social incorpora comúnmente sólo los activos intangibles, el capital cívico integra también los activos tangibles e infraestructuras cívicas físicas que facilitan el encuentro y el ejercicio de lo cívico: plazas públicas, centros comunitarios y espacios informales de encuentro barrial, vecinal y comunitario.

En una urbe como la Ciudad de México, el capital cívico representa un elemento con un gran potencial de efecto multiplicador. Es una plataforma y tejido que puede impulsar el derecho a la ciudad para abrazarla y moldearla en conjunto; para crear valor público y disfrute; para participar en su futuro; para resarcir y remediar. Todo esto en un escenario dibujado fundamentalmente por sus ciudadanos, donde alrededor del 60 por ciento es autoconstruido. La ciudad alberga 21 millones de mentes y posibilidades que se entretejen con un compromiso y actitudes en favor de la ciudad; sus territorios y comunidades representan un gran potencial subutilizado.