Democracia Digital

La democracia digital es aquella que integra en su diseño institucional nuevos mecanismos tecnológicos que facilitan la interacción entre ciudadanos y servidores públicos: lazos verticales y horizontales que permiten tomar decisiones en conjunto, actuar coordinados, y/o hacer uso más eficiente de los recursos comunitarios disponibles para la solución de retos urbanos e inclusive reimaginar una ciudad y su rumbo.

En sus estudios sobre la poliarquía -gobierno de muchos-, Robert Dahl enumera ciertas condiciones bajo las cuales se maximiza la democracia[1][1] Robert Dahl, Polyarchy: Participation and Opposition, New Haven: Yale University Press, 1971.. Hace mención, entre otras, de la simetría y completitud de la información disponible para los ciudadanos sobre las distintas opciones de políticas gubernamentales como una condición fundamental para el desarrollo de un sistema democrático. Por otro lado, menciona la necesidad de que los miembros de una sociedad puedan identificar todas las distintas alternativas existentes, o en determinado caso, que puedan integrar las opciones que ellos consideren que puedan resolver los problemas públicos de una mejor manera. Si bien la poliarquía se presenta como un planteamiento utópico que ninguna organización humana ha podido cumplir a la perfección, las soluciones digitales actualmente a nuestro alcance se presentan como herramientas que pueden contribuir a maximizar nuestra democracia.

Nunca antes la humanidad había tenido la capacidad con la que contamos actualmente para generar, almacenar y compartir cantidades masivas de información y generar conocimiento compartido. En el contexto internacional resulta posible identificar un auge en el impacto de las tecnologías de la información y la comunicación ya que éstas se presentan como herramientas cotidianas que impactan prácticamente todos los ámbitos de la vida humana, y las instituciones y sistemas políticos no han sido la excepción. Estas han sido un pretexto para conectar una diversidad de personas e ideas que antes estaban aisladas. Estas personas dejan de buscar información y soporte en las organizaciones con estructuras tradicionales para crear redes de soporte y conocimiento.

Al mismo tiempo, en muchas ocasiones las soluciones tecnológicas se quedan cortas y no toman en cuenta la complejidad de las realidades políticas y sociales. La tecnología es una herramienta y un articulador potente, pero siempre estará a expensas de la naturaleza de la sociedad en la que se inserta.

De acuerdo al estudio regional de opinión pública Latinobarómetro, más del 65% de la población mexicana no está satisfecha con el funcionamiento de la democracia, mientras que el 67% dice tener poca o ninguna confianza en el gobierno. Este mismo porcentaje de la sociedad mexicana considera que el gobierno está tratando mal o muy mal el combate a la corrupción. En este sentido, el uso de nuevas herramientas que permiten facilitar la interacción entre ciudadanos y autoridades gubernamentales adquiere especial relevancia en un contexto de desconfianza y falta de legitimidad de las instituciones tradicionales.

En la CDMX se han impulsado distintos programas y acciones que pueden ser considerados como esfuerzos dentro del paradigma de democracia digital. La simplificación de trámites y modernización administrativa, la creación de mecanismos de interoperabilidad entre dependencias son algunos cimientos; pero sobre todo los experimentos mediante los cuales se busca ampliar la incidencia ciudadana a través del uso de tecnologías, podrían ser considerados ejemplos de esto.

El reto que se presenta es transitar de un sistema gubernamental que hace uso de herramientas digitales, a una verdadera democracia digital donde las redes y conversaciones generadas por y entre los ciudadanos –quienes gozan de igualdad de oportunidades de acceso a dichas herramientas– encuentran una incidencia efectiva en instituciones dinámicas y abiertas a nuevas herramientas para la solución de problemas colectivos.

Desde el Laboratorio para la Ciudad se ha promovido la premisa que las herramientas digitales son un medio, y nunca deben ser consideradas como un fin en sí mismas. Sin un acompañamiento y trabajo cercano con los ecosistemas relacionados, las soluciones tecnológicas no tienen utilidad alguna. Bajo esta concepción de la tecnología por parte del Laboratorio, el reto que se presenta para la democracia digital en la CDMX es transitar de un sistema gubernamental que hace uso de herramientas digitales, a una verdadera democracia digital donde las redes y conversaciones generadas por y entre los ciudadanos –quienes gozan de igualdad de oportunidades de acceso a dichas herramientas– encuentran una incidencia efectiva en instituciones dinámicas y abiertas a nuevas herramientas para la solución de problemas colectivos.