Economía Creativa

La economía creativa es el resultado de diversos cruces de actividades, proyectos, infraestructura, apoyos y acceso a bienes, y servicios culturales. Se deriva de la medición del impacto económico de las industrias creativas, entendidas como los sectores de la economía que se especializan en el uso del talento creativo para fines comerciales.

Existe un amplio debate sobre la definición de estos conceptos, pues no todas las prácticas creativas responden a la lógica de la industria o la competencia comercial. No obstante, son fundamentales para el entendimiento del desarrollo urbano, social y económico de la creatividad.

Desde la Revolución Industrial, la economía mundial ha sido principalmente extractiva, es decir, que depende de la recolección o la extracción de recursos naturales para la venta o el comercio. Este modelo de desarrollo está probado ser uno de los principales causantes de la desigualdad social, el calentamiento global y la falta de sustentabilidad ambiental. La economía creativa desafía este modelo, reconoce que los cimientos de una economía potente yacen en las personas y las ideas, crea valor mediante la diversidad y lo multiplica a través de las manifestaciones locales. En el año 2007, el Consejo de Diseño (Design Council) de Reino Unido publicó un reporte sobre el valor del diseño en donde señala que las empresas donde el diseño es parte integral de las operaciones, más de tres cuartas partes dicen que han aumentado su competitividad y facturación a través del diseño. En promedio, las empresas aumentan su cuota de mercado en un 6.3% mediante el uso de diseño.

El gobierno de Reino Unido fue pionero en medir y hablar de la economía creativa a través de “Documentos para el mapeo de industrias creativas 1998”, documento con 13 categorías que propuso crear conciencia sobre las industrias, su contribución a la economía y los problemas a los que se enfrentaban. Una de sus mayores contribuciones fue posicionar la propiedad intelectual al centro del valor de los bienes y servicios producidos por las llamadas industrias creativas.

En los últimos años la medición puntual de las industrias creativas ha cobrado el suficiente valor para reconocerse como una tendencia económica, que se complementa con los procesos, el contexto y la singularidad del capital cívico y el capital creativo.

Existen muchas referencias para el estudio de la economía creativa. Aunque, por la complejidad de las metodologías de medición y el entendimiento del contexto, no siempre van a estar en consenso. Algunas referencias son:

Reporte de la Economía Creativa de la UNESCO / UNCTAD 2008
El Manifiesto de la Economía Creativa de NESTA
Reporte de Economía Creativa UNESCO 2013
Guía práctica para mapear las industrias creativas, British Council
¿Cuánto vale la cultura? Ernesto Piedras
Industrias Creativas y Obra Protegida, IMCO

En México, la dimensión e intensidad de la economía creativa sigue escapándose de la estimaciones econométricas tradicionales, en primera instancia por la falta de consenso en las definiciones y metodologías, y en segunda instancia por el importante rol de la economía informal en la dinámica creativa. Aún queda pendiente la gran labor de generar y consensuar indicadores homogéneos y robustos que puedan explicar la totalidad de la economía creativa.

Actualmente el concepto es reconocido por casi todos los gobiernos del mundo. El fortalecimiento de la economía creativa implica el fortalecimiento de las industrias creativas y culturales, y de esa manera el tejido social y cultural de la ciudad. La economía creativa se encuentra estrechamente ligada al concepto de ‘ciudad creativa’, introducido en 1995 por el planificador inglés Charles Landry, junto con Franco Bianchini, experto en políticas y planificación cultural. Ambos publicaron The Creative City, que aborda tres temas coyunturales para el concepto de ciudad creativa: 1) el impacto social, cultural y económico que surge de la creatividad en las ciudades; 2) la necesidad de enriquecer y dinamizar la planificación urbana integrando conocimientos provenientes de otras disciplinas; y 3) la inclusión en los procesos de planificación urbana, de personas o grupos sociales marginados, como inmigrantes o minorías étnicas [1][1] Herrera Medina Eleonora, Bonilla Estévez Héctor, Molina Prieto Luis Fernando, Ciudades Creativas: ¿paradigma económico para el diseño y la planeación urbana?: Bogotá: Bitácora 22, p. 11, http://www.redalyc.org/html/748/74829048002/. El concepto de ciudad creativa ha tomado tanto peso internacional en los últimos años que en 2004, la UNESCO creó la Red de Ciudades Creativas para promover la cooperación hacia y entre las ciudades que identifiquen la creatividad como factor estratégico de desarrollo urbano sostenible.

La Ciudad de México recibió la designación de Ciudad Creativa de la UNESCO en diciembre de 2017 bajo la categoría de diseño. Esta designación pone al centro la importancia de involucrar la creatividad con procesos sociales, económicos y políticos, en donde la creatividad es un gran motor para el desarrollo de la metrópolis. Además, las industrias creativas son una fuente importante de crecimiento. Se estima que en México cerca de 7 por ciento del PIB provino de las industrias creativas en los últimos 10 años y que ésta ha crecido a una tasa de 0.18 por ciento en este periodo, misma que se encuentra por debajo de la tasa de crecimiento promedio del país [2][2] Industrias creativas y obra protegida, Ciudad de México: IMCO, p. 3, https://imco.org.mx/wp-content/uploads/2015/08/2015-Propiedad_intelectual-Libro_completo.pdf. Según los estudios de especialistas como Ernesto Piedras, se apunta que sólo en la CDMX, las industrias culturales y creativas de la economía formal aportaron un 5.43 por ciento con respecto al PIB, que se eleva a 8.92 por ciento al incluir la economía sombra.

Paradójicamente, la comunidad creativa no labora en las mejores condiciones. El INEGI estima que 15 millones de jóvenes de 15 a 29 años tienen un empleo en México, sin embargo, 59.5%, unos 8.9 millones, lo hace en el sector informal, donde carecen de prestaciones laborales. Estas cifras no son exclusivas de los jóvenes. En abril de 2017 el LabCDMX lanzó Sondeo Creativo, una encuesta piloto para prototipar preguntas relevantes que pudieran revelar el estado laboral de los agentes creativos de la ciudad. Ante la pregunta “¿Estás dado de alta en Hacienda?”, el 71 por ciento de las respuestas fue ‘no’, es decir, que casi tres cuartas partes de la muestra total de los encuestados desarrolla su práctica creativa en la informalidad. Ante la pregunta “¿Tu práctica creativa te hace feliz?”, 47 por ciento de 327 encuestados contestó ‘Extremadamente feliz’, y 42 por ciento ‘Muy feliz’. Sin embargo, en la pregunta “¿Sientes que el sueldo que recibes corresponde al valor de tu trabajo?”, el 76 por ciento contestó que no, y el 24 por ciento que sí.

El Laboratorio para la Ciudad aborda la economía creativa desde un entendimiento más amplio y relacionado directamente con el capital creativo y la creatividad urbana. Los indicadores que competen e interesan más al Laboratorio son aquellos cualitativos y no tanto cuantitativos [3][3] En abril de 2017 el LabCDMX lanzó Sondeo Creativo, una encuesta piloto para prototipar preguntas relevantes que pudieran revelar el estado laboral de los agentes creativos de la ciudad. Ante la pregunta “¿Tu práctica creativa te hace feliz?”, 47 por ciento de 327 encuestados contestó que ‘extremadamente feliz’, y 42 por ciento ‘muy feliz’. Sin embargo, ante la pregunta “¿Sientes que que el sueldo que recibes corresponde al valor de tu trabajo?”, el 76 por ciento contestó que no, y el 24 por ciento que sí..

La economía creativa es parte de la agenda de trabajo del Laboratorio porque ayuda a entender y visualizar el impacto económico de las prácticas creativas en la CDMX, para así acceder a mayores horizontes, abrir conversaciones sobre la importancia y el impacto de las prácticas creativas y en procurar nuevas identidades, diversidades y acceso a los derechos culturales.