Hacedores CDMX

Un hacedor resuelve de manera creativa con lo que tiene a la mano. Motivado por el deseo de prototipar, experimentar, trucar, combinar, manipular, reusar, autoconstruir o inventar, ya sea por gusto o necesidad. Los hacedores comúnmente son autodidactas: valoran las habilidades y el ingenio más que los recursos. Tienen un fuerte sentido de comunidad y una naturaleza disidente. No es un asunto exclusivo de hardware, tecnologías de fabricación digital o prototipado rápido: a un hacedor nunca lo detiene la falta de recursos o herramientas especializadas para crear. Los principios rectores del movimiento hacedor o maker, como se establece en el libro seminal de Mark Hatch, The Maker Manifesto, invitan a la gente a hacer, compartir, dar, aprender, jugar, participar, apoyar y cambiar. Este es un ethos centrado en abarcar la tecnología para aumentar y mejorar el talento creativo de una persona, en lugar de reemplazarla.

El concepto y movimiento Hacedores despegó en 2005 con el lanzamiento de la revista Make –dirigida a hacedores aficionados, en donde se presentaban proyectos complejos hechos con materiales sencillos o caseros– y la celebración de la primera feria de hacedores Maker Faire en San Francisco, California. Aunque la cultura DIY (do-it-yourself) o ‘hazlo tú mismo’ tiene una historia que abarca varias décadas, el movimiento de hacedores se impulsó por la recesión económica de 2008. Pasó de ser un pasatiempo y de geeks para transformarse en un fenómeno cultural y productivo de masas en Estados Unidos y Europa, al igual que en otros rincones del planeta como África, Brasil y México.

HacedoresCDMX es la visión que tiene el Laboratorio para la Ciudad para abordar el concepto internacional de la cultura maker desde la perspectiva de la Ciudad de México. Se trata de entender el contexto local, social e histórico en cuanto a habilidades de producción humana y su uso en proyectos creativos. Se centra en la singularidad del talento manufacturero local y busca ser plataforma para impulsarlo en acciones que amplifiquen su impacto social. HacedoresCDMX incluye ferias, talleres, seminarios y otras actividades que consideran al talento creativo una de las herramientas principales para la transformación urbana.

Internacionalmente, el movimiento maker ha cobrado importancia en los últimos años no sólo como metodología o práctica creativa, sino como filosofía de vida. En consecuencia, han nacido los llamados MakerSpaces, laboratorios urbanos de experimentación con herramientas (análogas, digitales y tecnológicas) para el hacer y el experimentar. El movimiento maker ha empoderado a comunidades en casi todos los países y una característica interesante es su consideración del trabajo en equipo. El movimiento tiene un espíritu de código abierto, de compartir patentes, diseños, códigos y maneras para que cada vez sea más fácil desafiar las grandes industrias a través de la llamada “revolución manufacturera”. Esta filosofía gradualmente permea otros aspectos, políticos, sociales y económicos, en donde uno de sus objetivos es desafiar las estructuras hegemónicas cambiandolas por modelos flexibles y abiertos.

La Ciudad de México tiene una potente e histórica tradición con el hacer. Durante siglos, los oficios han sido uno de los pilares de la economía y la conformación de la sociedad y hoy en día todavía guardan un gran valor histórico en cuanto a procesos y tecnologías. En general, son valores y conocimientos ‘inmateriales’ que se suceden de generación en generación, por eso es importante preservarlos contra la vorágine industrial. Hoy en día el Centro Histórico de la CDMX condensa un gran entramado de unidades económicas pertenecientes a los oficios. “Históricamente, las calles han tenido varios usos sociales: espacio de manifestaciones religiosas y cívicas, mercados, lugar de trabajo de los oficios (de quienes algunas de ellas tomaron su nombre, por ejemplo, Plateros), zona de recreación, morada de pobres, corral, letrina, basurero, etcétera” [1][1] Ramírez Arana, Emma, Recorrido poético por las calles del Centro Histórico de la Ciudad de México. Revista de Humanidades: Tecnológico de Monterrey (en linea) 2011, (Fecha de consulta: 25 de junio de 2018) ISSN 1405-4167 Disponible en: http://www.uacm.kirj.redalyc.redalyc.org/articulo.oa?id=38429951003. Los oficios del Centro Histórico han dado forma urbana y social a la vida del corazón de la ciudad. Es importante que se vuelvan referentes para el aprendizaje de nuevas técnicas de manufactura y en general, dentro del concepto local de HacedoresCDMX.

El Laboratorio para la Ciudad es consciente de la problemática que implica considerar a la manufactura tradicional mexicana como hacedores o makers. Esto implica una visión colonialista y poco respetuosa de la tradición histórica, cultural y social del papel de los oficios en la Ciudad de México. Por eso, cuando se habla de hacedores o makers y se involucra el talento local de la CDMX, siempre se pone en contexto la práctica y se reconoce como una práctica creativa que enriquece la filosofía y el espíritu del movimiento hacedor. Con esa diferenciación y teniendo un entendimiento sensible a las diferencias, las actividades de HacedoresCDMX son incluyentes para todos los actores del hacer: desde los jóvenes universitarios interesados en fabricación digital, hasta los adultos mayores con una vida dedicada a un oficio. El Laboratorio ofrece talleres, sesiones, conferencias y el programa integral “Saber Creativo” para el fortalecimiento de las capacidades de los hacedores.

Abrir la conversación y las acciones del movimiento hacedor creando la estrategia HacedoresCDMX es una forma de alimentar uno de los más grandes objetivos del Laboratorio: impulsar la creatividad en la Ciudad de México. La comunidad de Hacedores representa una importante muestra del talento urbano que no tiene cabida en las agendas de otras secretarías y dependencias, representando un carácter experimental que empata con los valores del Laboratorio. El espíritu hacedor no se queda aislado como una estrategia del LabCDMX, sino que permea en todas las acciones e impulsos, creando un ambiente de trabajo en equipo y espíritu de apertura. Un ejemplo del amplio impacto que tiene el movimiento hacedor es que en 2015, bajo el nombre de FabLab Impact, surgió un espacio de 5 mil metros cuadrados situado en el Centro Histórico, en el barrio de Tepito-Lagunilla, para las nuevas manifestaciones manufactureras. FabLab Impact es parte de la iniciativa global FabCity, iniciativa que responde a las proyecciones que indican que para el 2050 el 75 por ciento de la población mundial vivirá en ciudades y pone sobre la mesa la necesidad de reimaginar ciudades y su modus operandi: desarrollar ciudades autosuficientes que sean productivas a nivel local y estén conectadas a nivel global. Su objetivo es que para el 2054 las ciudades sean por lo menos 50 por ciento autosuficientes a partir de una nueva economía basada en la distribución de datos y la industria de la manufactura.

A partir de pláticas con el Laboratorio para la Ciudad, acercamiento con varios expertos y la creación de talleres conjuntos, surgió la colaboración entre el LabCDMX y el FabCity para explorar de manera estratégica, abierta y circular, el potencial del sector manufacturero informal en la CDMX, acercando nuevas tecnologías, ideas y modelos económicos que aprovechan el talento de este sector al mismo tiempo que apuntan hacia otros paradigmas de manufactura contemporánea y cultura libre.

Una mirada crítica al movimiento Hacedor

La cultura maker no siempre ha sabido conectar su idea de cambio en relación a las necesidades sociales actuales. El cambio se ha situado en una idea aislada del progreso maker o tecnológico sin tener objetivos sistémicos concretos más allá de la innovación. Para dar un paso adelante, es necesario llevar el análisis de los makers más allá del paradigma técnico y entrar al campo político, es decir, examinar el impacto social producido por el fenómeno maker. En términos concretos esto implicaría una mayor definición del tipo de modelo de negocio y el modelo social –si existe algún proyecto o modelo comunitario– al que aspira el movimiento maker. En resumen, para una mayor vinculación al cambio social, el movimiento maker debe hacer un esfuerzo por concretar y publicar los objetivos a corto, mediano y largo plazo.

En términos de Inclusión, FabCity, representa “una oportunidad para extender el uso de tecnología transversal en la sociedad” y, por lo tanto, contribuïr a cerrar la brecha tecnológica. Sin embargo, a pesar de la vocación transversal del movimiento maker, este se caracteriza por una demografía muy concreta; población blanca, de clase media y masculina. La participación en el mundo maker está generalmente condicionada a la adopción de las prácticas, objetivos y herramientas de esta cultura. Este entendimiento de participación se parece más al concepto de identidad que a la intención de explotar potencialidades emancipatorias del movimiento. Es contradictorio que una cultura basada en la democratización del acceso de la tecnología, como es la de los makers, implique asumir una determinada identidad. Por lo tanto, para que FabCity sea un espacio verdaderamente incluyente debe estar abierto tanto a aquellas personas que se sienten cómodas con la identidad maker como aquellas otras que no.

Más allá de la identidad maker, otro factor excluyente es el contenido de los proyectos, ya que están centrados visiones de la tecnología típicamente masculinos y diseñados para solucionar problemas del primer mundo (Paulo Blikstein). Los ejemplos más claros son cohetes, robots o coches. Para hacer de FabCity un espacio más incluyente hay que mirar hacia fenómenos más culturalmente diversos y desarrollados generalmente por mujeres como la artesanía tradicional, arte textil (wearable technology).

Por último, el movimiento maker está basado en la unidad individual; eg. el maker que se encierra en su garaje y sale con un invento. Hay un gran potencial de innovación en la transición de proyectos puramente hazlo tu mismo, a proyectos cooperativos; innovación no solo en tecnología pero también en relaciones sociales. Para esto, el movimiento maker debe ser más permeable e involucrar a más actores y organizaciones externas.

Gama posibilidades desde la CDMX

El hecho que el nuevo FabCity esté situado en Tepito ofrece infinitas posibilidades al movimiento maker en general y la oportunidad de enfrentarse a las críticas del movimiento maker desde un inicio en particular. El Laboratorio para la Ciudad puede contribuir a conceptualizar FabCity Ciudad de México como un FabCity de referencia por ser pionero en participación, inclusión e impacto social. A parte de la posible asesoría en temas teóricos de participación e inclusión, el Lab de hecho ya a contribuído en términos prácticos – eg. tender puentes con colectivos más diversos y organizaciones gubernamentales.

Para tener un mayor impacto en la comunidad, FabCity CDMX podría empezar definiendo el impacto local que se quiere tener más allá modelo de negocios (industrias 4.0, innovación abierta, economía circular). En referencia a los objetivos hay varios factores a tener en cuenta:

Primero, FabCity CDMX se encuentra en el lugar perfecto para ampliar su radar más allá de los makers clásicos y acercarse a un público hacedor tradicional. Tepito ha sido un barrio de hacedores de industrias muy diversas y la Lagunilla un mercado dónde se producen (artesanalmente) y se venden los mismos muebles. Involucrar a las industrias cercanas al FabCity y permitirles beneficiarse su tecnología representa una democratización real de la tecnología y la innovación. El proyecto con muebleros de la Lagunilla, detonado por el Laboratorio para la Ciudad es un claro modelo del tipo de colaboraciones con la comunidad del entorno que pueden fomentar la apertura del movimiento maker.

Estas nuevas interacciones con colectivos diversos no tienen porqué caer en las construcciones identitarias convencionales. Explotar formas de cooperación más esporádicas, que no estén regidas por las normas de pertenencia ancladas a lo maker. Poner a disposición las instalaciones y maquinaria del lab a proyectos como Deportados pero no Derrotados es el tipo de nuevas interacciones que el LabCDMX ha impulsado.

Además, se pueden explorar formas de cooperación entre diversos colectivos que fomenten ecosistemas más basados en la colaboración –en contraposición al individualismo característico del movimiento maker. El caso de la Lagunilla, de nuevo, propone estructuras innovadoras van más allá del paradigma ‘hazlo tu mismo’ e incentivan el trabajo en equipo entre diseñadores, teóricos y muebleros, por ejemplo.

Open Design

Open design o diseño abierto es un movimiento creativo y crítico en torno al diseño industrial; este promueve la apertura de los conocimientos generados desde la disciplina para la sociedad, con el fin de que el acceso sea equitativo. Teniendo como foco potenciar las economías locales y renovar los procesos de consumo, consiste en un proceso de apertura de planos y archivos CAD, para el acceso libre de diversas personas, usuarios y ciudadanos [2][2] Kadushin, Ronen. (2017). Open Design Manifiesto. Berlin, Germany: Ronen Kadushin https://www.ronen-kadushin.com/open-design-manifesto. Esta forma de creación es un modelo de diseño colaborativo en tanto que el conocimiento que es usado y modificado por diferentes personas con diversas necesidades se vuelve particular en cada caso de tal suerte se vuelve incluyente ya que sale del gremio y otorga participación a los usuarios [3][3] Cardini, Paolo. (2010). The future of society. Paolo Cardini https://www.paolocardini.com/The-Future-of-Society.