Participación infantil

La participación infantil consiste en integrar la voz, opinión y deseos de las niñas y niños en los procesos de creación de ciudad. La participación auténtica y efectiva puede aportar una serie de beneficios, incluidos el desarrollo de la confianza en sí mismo y el sentido de ciudadanía e inclusión para niños y jóvenes, construyendo relaciones intergeneracionales positivas y desafiando los estereotipos[1][1] Lester, S. y Russell, W., (2008), Play for a Change: Play, Policy and Practice –A Review of Contemporary Perspectives,
Londres: National Children’s Bureau, p.36
. En 1989, la Convención sobre los Derechos del Niño de la ONU estableció en su artículo 12, que las niñas y niños tienen derecho a opinar sobre los asuntos que los afectan. También señala que los adultos deben escuchar estas opiniones, incluso a través de procesos gubernamentales formalizados[2][2] Derr, V., (2017), Participation as a Supportive Framework for Cultural Inclusion and Environmental Justice, Revista Internacional de Educación para la Justicia Social, Vol. 6, p. 78.. Sin embargo, estos últimos pueden confundirse como prácticas de participación simbólica y superficial, que no representan al grueso de la población infantil[3][3] Lester, S. y Russell, W., (2008), op cit. p.36, ya que usualmente, cuando se piensa en participación infantil, vienen a la mente los comités de niñas y niños, los consejos estudiantiles o hasta los parlamentos de jóvenes[4][4] Lester, S. y Russell, W., (2008), op cit. p.36.

Desde el Laboratorio para la Ciudad se buscan reconfigurar procesos y plataformas participativas actuales, que logren posicionar a la infancia como un sector de la población que bajo su propia autonomía, es responsable de construir el entorno en el que viven o quieren vivir. Es importante que la infancia reconozca y ejerza sus derechos, que cuente con […oportunidades equitativas para formar parte o involucrarse en la vida de su comunidad, organización y/o proyectos y sentirse valorado por contribuir.][5][5] Percy-Smith, Barry(2010). Councils, consultations and community: rethinking the spaces for children and young people's participation, Children's Geographies, Vol. 8, No. 2, May 2010, p. 111. Además, considera indispensable erradicar posturas adultocéntricas al momento de la creación de dichos procesos y plataformas. Desde la perspectiva adultocéntrica, las niñas y niños no son vistos como seres humanos en plenitud sino como individuos incapaces de tomar decisiones y que son propiedad de sus familias; son tratados como víctimas o posibles victimarios a quienes los adultos deben controlar. Esta visión tiene como consecuencia el ejercicio restringido de sus derechos y libertades en nombre de su propia seguridad[6][6] Hernández, M., (2018), Jugar en serio: ¿Cómo garantizar el derecho al juego en México?, Ciudad de México: Buró-Buró..

Reconocer a los niños y niñas como sujetos de derechos humanos se convierte en un gran desafío para los adultos que están acostumbrados a velar únicamente por su protección, de manera que nos encontramos frente a una valiosa oportunidad para impulsar un semillero de futuros ciudadanos que comprendan desde temprana edad que son parte de una colectividad, que es posible explorar las posibilidades del mundo que los rodea, pero que además cuentan con el talento y la capacidad para aportar sus ideas en beneficio de su entorno. Expandir la implementación de buenas prácticas participativas, para incluir los derechos de las siguientes generaciones hacia un futuro sostenible, amplía las percepciones de niñas y niños y les permite establecer conexiones naturales entre su propio derecho de participar y los derechos de otros a un futuro ambientalmente justo y sostenible[7][7] Derr, V., (2017), Participation as a Supportive Framework for Cultural Inclusion and Environmental Justice, Revista Internacional de Educación para la Justicia Social, Vol. 6, p. 80..

Por consiguiente, el área de Ciudad Lúdica del LabCDMX, —y como parte de la metodología participativa y diseño, establecida dentro de Arquitectura para el Juego Urbano— ha realizado la siguiente lista de recomendaciones para interactuar con niñas y niños, que pueden alimentar los procesos de diseño participativo:

  • Olvidar el miedo al ridículo y recordar que durante el juego se experimentan sensaciones de vértigo, libertad, felicidad y satisfacción.
  • Interpretar el rol del “investigador ignorante” funciona muy bien, siempre y cuando no se caiga en ser condescendiente.
  • Valorar honestamente las opiniones de niñas y niños y además, maravillarse de ellas.
  • Reconocer y aceptar desde el inicio que el trabajo será desafiante y agotador.
  • Equivocarse también está bien, aun cuando seas el adulto.
  • Ser consciente desde un principio que, en algún momento, le corresponderá al adulto dar a alguna niña o niño en particular, el privilegio de comenzar a hablar o explicar sus ideas. La elección nunca será la correcta ya que las otras niñas y niños estarán descontentos e impacientes por tener su turno de expresarse.
  • Está bien permitir que alguna niña o niño tome el liderazgo, siempre y cuando el proceso no se vea sesgado y todas las voces y opiniones sean escuchadas.
  • Reconocer los sentimientos que pueden surgir cuando las ideas o contribuciones de diseño de niñas y niños se vean excluidas.
  • Apoyar al proceso de balancear el diálogo, valorando todas las aportaciones a través de preguntas para sustentar las ideas. Ninguna idea o respuesta será considerada como incorrecta.
  • Hablar a su altura, de ser posible encuclillarse (para tener las caras frente a frente) y no hablarles desde arriba como generalmente hacen los adultos.
  • Disfrutar y dejarse llevar por la imaginación y la creatividad propia de niñas y niños para generar ideas aún mejores y procesos de diseño que puedan alimentar las etapas posteriores.
  • Y, sobre todo, jugar. El proceso de participación tiene que ser un juego para niñas y niños, pero también para los diseñadores.