Placemaking

Conjunto de metodologías y acciones diseñadas desde el territorio para impulsar el sentido de pertenencia e identidad comunitaria en torno a un espacio, generando lazos entre personas y catalizando experiencias arraigadas al sitio que transforman el imaginario colectivo. Provocan a la misma comunidad a tomar un papel activo en el proceso de creación de su propio entorno. La organización Project for Public Spaces lo define como: “un proceso para inspirar colectivamente a las personas a reimaginar y reinventar el espacio público como el corazón de cada comunidad.

La traducción literal del término es “hacer lugar” o “creación de lugar”, y aunque últimamente ha cobrado auge en diálogos en torno a la planificación, diseño y gestión de ciudades —específicamente espacios públicos—, su concepción inició con las ideas de Jane Jacobs, Jan Gehl y William H. White en torno a “diseñar ciudades para las personas”.

A nivel mundial, Project for Public Spaces encabezó el movimiento de Placemaking, y en 2006 realizó una consulta pública en torno al significado del concepto, encontrando diversas respuestas que exaltan la personalidad e intereses de la persona que las creó y se vuelven propias de una manera de pensar y contexto. Por ejemplo: “El proceso de incorporar humanidad al espacio”, el “(…) arte y ciencia de desarrollar espacios públicos que atraigan a las personas, construyan comunidad acercando a las personas, y creen identidad local” y el “capturar el alma de un barrio”. Siguiendo esta misma idea de pluralidad, un lugar surge de un contexto específico; de una o varias maneras de interactuar y diversos individuos construyendo comunidad, donde las metodologías implementadas pueden ser las mismas pero nunca se obtendrán los mismos resultados. En consecuencia, cada proceso de placemaking será diferente ya que se debe prestar especial atención a la manera en que se tejen entre sí las cualidades físicas, sociales, ecológicas, culturales y hasta espirituales de un lugar[1][1] Op. Cit..

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que en áreas urbanas existan 9.2 m2 de área verde por habitante. En la Ciudad de México contamos con 8.9 m2 de áreas arboladas, sin embargo, la distribución se presenta de manera desigual y polarizada. Encontrando delegaciones como la Miguel Hidalgo que tiene una dotación de 34 m2 por habitante[2][2] De acuerdo al intercensal de INEGI 2015, la población total de la delegación Miguel Hidalgo es de 364 mil 439 personas, de los cuales 78 mil 706 son niñas y niños. , mientras que en Iztapalapa[3][3] De acuerdo al intercensal de INEGI 2015, la población total de la delegación Iztapalapa es de 1 millón 827 mil 868 personas, de los cuales 547 mil 462 son niñas y niños. —la delegación más poblada de la CDMX— solo se tiene acceso a 2.91 m2 de área arbolada por persona. Es así que en una ciudad tan compleja las realidades de cada persona son diferentes: la ubicación de su vivienda, escuela o trabajo determina sus traslados, actividades diarias, responsabilidades, la inseguridad y violencia a la que se exponen, los lazos que crean entre personas y con el propio entorno urbano, siendo niñas y niños los más afectados.

Para comprender la falta de equidad en la dotación de áreas verdes en la CDMX , el área de geografía urbana del Laboratorio para la Ciudad se dió a la tarea de cruzar datos de diversas instancias de gobierno y generar un mapa donde se visibiliza la disparidad en la dotación de áreas verdes de las 16 demarcaciones territoriales. Esta herramienta ayuda, en el desarrollo de estrategias como Peatoniños y Juguetes Urbanos, dos proyectos diseñados desde el entendimiento de los datos y los territorios específicos, que buscan, a través del juego, reactivar espacios comunales, generar nuevas maneras de interactuar con el espacio público —incluida la calle— y modificar las percepciones negativas que se puedan tener, impulsando una ciudad inclusiva, segura, amigable, imaginativa y donde los ciudadanos acogen posibilidades para mejorar su entorno urbano.