Los laboratorios urbanos en el mundo

El mundo es cada vez más urbano. Las ciudades son los primeros organismos que se enfrentan al desafío de albergar una creciente población y satisfacer las necesidades de la misma. En el siglo XXI, uno de los retos a los que se enfrentan las urbes es el enfoque con el que se detecta, define y aproxima a las problemáticas urbanas y sociales. ¿Cómo catalizar soluciones creativas a complejidades urbanas? ¿Cómo explorar las posibilidades escondidas de las megaciudades?

A finales de la década de los 90, aumenta la inquietud por eficientar los procesos gubernamentales a través de lo que se entiende como modernización administrativa, esto es un escenario en donde se prioriza la efectividad de los servicios públicos acompañado de plataformas digitales.

Algunos de los pioneros en este modelo se encuentran en ciudades europeas. En 1998, nace Nesta como primera iniciativa derivada de un acto legislativo del Parlamento Inglés con el objetivo de desarrollar programas de innovación para eficientar servicios públicos y escalarlos a todo el país. Cuatro años más tarde, la ciudad de Copenhague creó el Mindlab, una oficina comprendida dentro de la estructura gubernamental que tenía como filosofía la experimentación como una herramienta para desarrollar metodologías de abordaje para crear nuevos resultados. Así, se crean lo que hoy conocemos como laboratorios urbanos.

El conocimiento generado por los laboratorios mencionados y otras experiencias similares como Kennisland en Ámsterdam, fue rápidamente diseminado y contagió a otras ciudades en diversos países. Por ejemplo, en 2008 la asociación parisina denominada La 27E Règion sienta un precedente importante en el establecimiento de nuevos procesos para generar políticas públicas, en donde el diseño y la creatividad adquieren gran relevancia para la capital francesa.

Un año después, se instaura el Helsinki Design Lab en la capital de Finlandia, impulsado a través del Fondo de Innovación Finés con el objetivo principal de integrar el diseño estratégico como la disciplina principal que sustenta la toma de decisiones así como la entrega de servicios por parte de gobierno.

La replicación de este modelo pronto se da en el nuevo continente. A partir de 2010 se crean en América del Norte oficinas como el New Urban Mechanics, (en Boston, y eventualmente en Filadelfia); el Public Policy Lab (Nueva York); el OPM Innovation Lab (Washington) y el Innovate SF (San Francisco), los cuales tuvieron la principal tarea de crear canales de comunicación más abiertos entre el gobierno y la ciudadanía, usando la visión gubernamental como plataforma para abordar problemáticas en diversos temas a través de la tecnología y el diseño centrado en las personas con el propósito de mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos.

En 2013, surge la primera oficina de este tipo en América Latina, el Laboratorio para la Ciudad. Entendido como el brazo experimental y creativo del gobierno de la Ciudad de México, el Laboratorio explora otras formas de aproximarse e imaginar la ciudad, más allá de paradigmas modernistas de eficiencia, velocidad, productividad. Desde sus seis áreas de investigación y acción, el equipo del Lab busca explorar nuevos modelos transdisciplinarios de intervención urbana y entender el potencial de la participación ciudadana y nuevos modelos de gobernanza participativa, experimentando continuamente con distintas formas de mejorar la calidad de vida en la megalópolis.

La creación del LabCDMX ayudó a crear un movimiento de s laboratorios urbanos que se extendió a América del Sur cuando, luego de que en 2014 Buenos Aires se convierte en la segunda ciudad con su Laboratorio de Gobierno, adopta los principios de Gobierno Abierto y Apertura de Datos. Por su parte, Chile decide replicar esta idea al crear el primer Laboratorio de Gobierno en América Latina a nivel federal, con lo cual crea procesos de innovación al interior del gobierno. Por su parte, la ciudad brasileña de Río de Janeiro se suma a la corriente y establece Lab.Rio, desarrollando plataformas digitales muy atractivas para la colaboración de su población. Lab Quito en Ecuador, Santa Lab en la Región de Santa Fe en Argentina, Lab Capital en Bogotá y Montevideo Lab en Uruguay se desarrollan de manera simultánea pero manteniendo particularidades definidas a través de su contexto y necesidades del mismo.

Las realidades políticas y sociales de América Latina —con todas sus convulsiones y posibilidades, con sus solidaridades sociales estrechas pero también con su exacerbada y complicada relación histórica entre gobierno y ciudadanía— distan mucho a las realidades Europeas donde primero surgen los Laboratorios de gobierno. Actualmente, las redes de conocimiento establecidas entre los laboratorios son muy estrechas y gracias a éstas las experiencias y aprendizajes viajan de manera más rápida, permitiendo una reflexión regional. En este contexto se crea un vocabulario global que integra el reconocimiento del talento ciudadano, la tecnología cívica, el gobierno abierto, el capital cívico, por mencionar algunos, como conceptos referentes a la innovación urbana. Esto genera una radiografía del rumbo que está tomando la experimentación en varios campos.

¿Cuál es el futuro de estos laboratorios? Tanto Nesta como Mindlab han sufrido al menos tres iteraciones desde su creación hasta el día de hoy (2002-2018), ajustándose a la demanda cambiante de su contexto inmediato y revelando que los espacios de experimentación deben cuestionar continuamente sus objetivos y herramientas para desarrollar soluciones a los desafíos urbanos y crear visiones a futuro sobre las cuales construir.