Ciudad de México, un espacio de posibilidades

Pocas ciudades en el mundo han experimentado una transformación tan radical de su paisaje como la Ciudad de México, una metrópolis que emana de las aguas. Hasta 1321, cuando se fundó Tenochtitlán, la imagen predominante fue un mosaico de lagos. Hoy en ese mismo sitio se plasma un vasto territorio que alberga casi 21 millones de habitantes.

En la segunda mitad del siglo XX, la ciudad tuvo un crecimiento poblacional excepcional resultado de la migración y alta tasa de natalidad. En 1950, albergaba alrededor de tres millones de habitantes y para 1980 ya había superado los 13 millones en toda la Zona Metropolitana del Valle de México (ZMVM). Fue la tercera urbe histórica en cruzar el umbral de los 10 millones de habitantes después de Nueva York y Tokio, y la primera megaciudad del sur global. Su tasa de crecimiento fue tal que en los años 80 había predicciones de que alcanzaría 40 millones de habitantes o más para el año 2000. Pero esto no sucedió: en el 2000 llegó a 18 millones y aumentó a 20.89 millones para el 2015. Ahora es una de las 31 megaciudades del planeta (ciudades de más de 10 millones de habitantes). Es la segunda más grande del continente americano después de Sao Paulo, y la séptima del mundo por debajo de Tokio, Delhi, Shanghái, Mumbai, Sao Paulo y Beijing.

La ciudad fue compacta hasta 1950, ocupando una área de alrededor 250 kilómetros cuadrados. Después, experimentó una expansión importante y hoy ocupa casi 8 mil kilómetros cuadrados: 35 veces el área que tenía a mediados del siglo pasado. La tasa de expansión territorial también superó la poblacional y la ciudad comenzó a perder densidad, sobre todo a partir de los años 80. Tan sólo Cuauhtémoc tuvo una pérdida de población de casi medio millón de personas en este periodo. La expansión urbana ha causado la pérdida de áreas verdes, traslados más largos y segregación exacerbada. La ciudad con su zona metropolitana se disemina sobre tres unidades estatales: la Ciudad de México propiamente, el Estado de México e Hidalgo. Además, se extiende sobre 76 unidades de escala municipal que incluyen las 16 demarcaciones de la CDMX, 59 municipios del Estado de México y uno de Hidalgo.

El 24 por ciento de la población en la CDMX y el 34 por ciento en toda la ZMVM experimenta pobreza. El 1.7 por ciento de la CDMX vive en extrema pobreza mientras que en la ZMVM es el 4.3 por ciento. El total de personas que vive en extrema pobreza en la ZMVM es de 875 mil personas, lo equivalente a una población de zonas metropolitanas de ciudades como Tuxtla Gutiérrez, Hermosillo o Acapulco. En general, se observa un patrón espacial donde el oriente y la periferia concentran mayor pobreza mientras que el sur y poniente menos. En cuanto al coeficiente de Gini (que mide la distribución de la riqueza en donde 0 es igualdad perfecta, 1 igualdad imperfecta y 0.4 es comúnmente la línea de alarma), la cifra para la CDMX es de 0.51. La ciudad es altamente polarizada en términos socioeconómicos, al albergar sitios de mucha riqueza así como de pobreza extrema. La delegación Benito Juárez tiene el Índice de Desarrollo Humano (IDH) más alto no sólo de la ciudad sino del país. Su IDH de 0.917 es ligeramente mayor que el de Alemania (0.916) y poco menor que el de Países Bajos-Holanda (0.919), que ocupa el cuarto lugar a nivel mundial. Al mismo tiempo la delegación Milpa Alta tiene un IDH de 0.74 que es similar al de Irán, y Ecatzingo (uno de los municipios que comprenden la ZMVM) tiene un IDH de 0.64, equiparable al de Namibia en la África Subsahariana. Es decir, en la ZMVM existen territorios con niveles de desarrollo altos como los del norte de Europa, y bajos como los de la África Subsahariana.

Un tema de investigación importante para el Laboratorio ha sido la geografía urbana y justicia espacial. La infraestructura, espacios públicos y verdes, así como el acceso y calidad de servicios son también desiguales a lo largo de la gran urbe. Mientras en Miguel Hidalgo hay 40 metros cuadrados de área verde por habitante, por poner un ejemplo, Tláhuac e Iztapalapa cuentan con 5 y 6 metros cuadrados, respectivamente. Además, la mayoría de la infraestructura cultural como museos y galerías se concentra en el centro y poniente de la ciudad. Por otro lado, la autoconstrucción y los asentamientos no planeados son predominantes y pervasivos en el territorio. Se ha estimado que las colonias populares ocupan alrededor del 60 por ciento del área urbanizada de la ciudad.

La ciudad enfrenta también retos importantes en términos de vivienda, seguridad, contaminación y movilidad. En la ZMVM, el 18 por ciento de los viajes para llegar al trabajo toma entre una y dos horas, y el 3.8 por ciento más de dos horas. Por otro lado, a pesar de que la mayoría de los viajes en la ciudad se realizan en transporte público, la tasa de ocupación del transporte privado es de sólo 1.5 personas de acuerdo con la Encuesta Origen-Destino 2017. Mientras que el metro, que constituye uno de los principales activos de la ciudad y es el segundo medio que concentra los viajes, tiene una sobrecarga importante. Otro desafío que enfrenta es la paradoja del agua, ya que al mismo tiempo que hay escasez, experimenta altos niveles de precipitación e inundaciones. Mientras que el 97.48 por ciento de las viviendas tiene acceso vía el servicio público, este número se diferencía entre delegaciones; por ejemplo es de 99.5 por ciento en Benito Juárez y 88 por ciento en Tlalpan. El agua también condiciona la vulnerabilidad sísmica de la ciudad. Su pasado lacustre y suelo blando es un factor importante que explica el comportamiento urbano frente a fenómenos sísmicos, uno de los principales riesgos naturales.

A pesar de sus desafíos, la ciudad representa una concentración de 21 millones de mentes, sueños y posibilidades. Alberga una diversidad de subculturas y expresiones culturales y artísticas: un mosaico de paisajes y formas de vivir desde su centro histórico, hasta sus pueblos absorbidos por el crecimiento de la ciudad; desde sus rascacielos de cristal hasta la autoconstrucción en las montañas. Tiene lugares poderosos donde sus habitantes se reúnen, protestan, bailan y crean significados colectivamente. El Zócalo, Paseo de la Reforma, el Monumento a la Revolución, hasta la Basílica y el Estadio Azteca, constituyen sitios mágicos de reunión e identidad. Pero esta magia se encuentra también en las pequeñas plazas, las bancas del parque, el quiosco, la tienda del barrio y la casa del vecino.

En cuanto a sus habitantes, la CDMX tiene una población joven que constituye uno de sus principales activos. La mitad de la población de la CDMX está en el rango de edad de 33 años. Por otro lado, la ZMVM tiene una población de niños entre cero y 14 años de casi cinco millones. La ciudad, incluyendo su Zona Metropolitana, tiene más niños que gente en Panamá o Croacia, y es comparable a la población de Costa Rica, Irlanda o Nueva Zelanda. A esto se suma que alberga y concentra instituciones de educación superior, universidades y centros de investigación, así como una gran parte de la infraestructura productiva del país: es la entidad que aporta más al PIB nacional (alrededor del 17 por ciento).

Por otro lado, la ciudad experimentó una incursión tardía y gradual a la democracia y participación. No fue hasta 1997 que fue posible elegir al gobernante, quien anteriormente era designado por el Presidente en la figura del regente, y hasta el año 2000 de elegir a los jefes delegaciones. En el 2015 se aprobó la reforma política de la ciudad para que a partir del 2016 el Distrito Federal desapareciera y surgiera oficialmente la Ciudad de México, con el fin de que pudiera ganar facultades y contar con su propia constitución en donde verter su visión de ciudad. Lo anterior fue un proceso, forcejeo y lucha de años detonados por una tragedia que golpeó a la ciudad pero que paradójicamente la hizo más fuerte. El sismo de 1985 fue un momento fundamental en esta transición que constituyó un punto de inflexión en la historia de la Ciudad de México. Impulsó la solidaridad y fortaleció la identidad colectiva y el deseo por una ciudad donde sus ciudadanos pudieran ser actores en su construcción.

La Ciudad de México es un asentamiento cuya historia se remonta casi 700 años atrás. En estos años, la ciudad ha experimentado cambios dramáticos en su paisaje natural, físico, cultural, político y social. Representa un espacio complejo y dinámico; un mosaico de territorios, realidades, capas y escenarios, activos, retos y posibilidades. Un mega laboratorio en sí mismo que crea, genera soluciones, prueba, falla, aprende, se reinventa, cae y se levanta. Un bello monstruo que suena, baila, duele y enamora; de simetrías y asimetrías, de contrastes y transiciones abruptas y sutiles cuyas siluetas de edificios y cielos armonizan con los rostros de quienes viven y hacen la ciudad.