Historia

A nivel internacional, podemos detectar los inicios de una exploración espacial entre el juego y el entorno urbano a finales del siglo XIX en ciudades industriales de Inglaterra, Alemania y Estados Unidos. En Berlín, la ideología de desarrollar una generación fuerte detonó un aumento en instalaciones para fomentar el juego y el entrenamiento físico[1][1] Laboratorio para la Ciudad, (2018), Arquitectura para el Juego Urbano: Lineamientos para Diseñar Espacios Públicos de Juego en la Ciudad de México, CDMX, Laboratorio para la Ciudad. Posteriormente, y a través de la creación de la primera calle de juego por el comisario Arthur Woods en 1914, en Manhattan, Nueva York, o el primer Junk Playground en Copenhague, Dinamarca, por el reconocido arquitecto paisajista Carl Theodor Sørensen en 1946, podemos detectar una evolución en las propuestas contemporáneas de diseño de espacios públicos de juego, donde proyectos como el Imagination Playground[2][2] Instalación interactiva diseñada por el arquitecto David Rockwell, donde niñas y niños pueden crear su propia área de juego, utilizando bloques de distintas formas y tamaños. y el Park ’n’ Play[3][3] Espacio que busca configurar el uso predeterminado de una azotea, convirtiéndolo en uno de juego, diseñado por JAJA Architects. —ubicados en las mismas ciudades anteriormente mencionadas, respectivamente— demuestran las infinitas formas que puede tomar el juego en la ciudad.

Sin embargo, en los últimos años, particularmente la Ciudad de México, ha sido afectada por el escaso diseño de espacios públicos para la infancia, ya que los espacios actuales surgen a partir de soluciones generalizadas, sin procesos participativos y que realmente no aportan a las niñas y niños, y tampoco con algún algún tipo apoyo para su desarrollo integral. La única forma concreta en que se toma en cuenta a los niños en el marco de las políticas urbanas es en la colocación de módulos de juegos en espacios públicos[4][4] Gülgönen, T., y Laboratorio para la Ciudad, (2016), Jugar la Ciudad: Reimaginar los espacios públicos urbanos de juego para la infancia en la Ciudad de México, CDMX: Laboratorio para la Ciudad, p. 34. Disponible en: https://issuu.com/labcdmx/docs/jugarlaciudad. Por ello, es urgente y necesario repensar el diseño en entornos lúdicos para la metrópolis.

Desafío

Para insertar una nueva tipología de espacio público, como son los territorios lúdicos, es necesario realizar cambios en los procesos actuales de diseño y reconocer lo esencial que se vuelven las colaboraciones entre actores de sociedad civil y gobierno para estos. De igual manera, es necesario que todos los involucrados en el diseño, cuenten con un nivel de capacitación y conocimiento sobre la relación del juego en términos socio-espaciales, por lo que se vuelve indispensable contar con expertos en el tema, que ayuden en el diseño de dichos espacios.

Propuesta

Como parte del desarrollo de Arquitectura para el Juego Urbano y a través de una colaboración con la Dirección Ejecutiva de Proyectos de la Autoridad del Espacio Público (AEP), nace la propuesta para crear un espacio público de juego[5][5] Algo. Se trata de un caso de estudio práctico y experimental para comprobar y reestructurar hipótesis, procesos y metodologías propuestas para su planeación, diseño, construcción y mantenimiento. Se acordó que el proyecto se desarrollaría bajo un presupuesto de 2 millones de pesos con el objetivo de que las alcaldías puedan adoptar este tipo de iniciativas dentro de sus programas presupuestales; y que los ciudadanos puedan realizar propuestas de montos similares a través de los programas de Presupuestos Participativos de la CDMX. De este modo, la creación de terrenos lúdicos, podría llevarse a cabo e iniciar desde una escala pequeña y posteriormente evolucionar y visibilizar la importancia e impacto de este tipo de espacios para el desarrollo de las ciudades y sus comunidades.

En un inicio la decisión sobre el espacio a intervenir fue compleja, puesto que la falta de espacios abiertos y/o verdes se encuentra simultáneamente latente en distintos puntos de la Ciudad de México. Sin embargo, se tomó la decisión de trabajar entre las intersecciones territoriales de las delegaciones que cuentan con un bajo número de áreas verdes y/o espacios abiertos: Iztapalapa e Iztacalco[6][6] Algo http://www.data.seduvi.cdmx.gob.mx/portal/docs/programas/programageneral/031231_PGDU.pdf. Posteriormente, la selección se fue acotando y a través del “Mapa niños de niños y espacios abiertos CDMX” —herramienta elaborada por el área de geografía urbana del LabCDMX, que combina datos de grado de marginación, censo de población y vivienda por rangos de edad y polígonos de espacios abiertos dibujados con base en los planes delegacionales y parciales de desarrollo urbano— se detectaron cinco espacios posibles a intervenir.

El parque ubicado en la colonia Picos VI-B resultó elegido debido a que en gran medida su contexto inmediato es habitacional. La zona tiene una superficie relativamente pequeña (aproximadamente 2 mil 888 metros cuadrados) y viven poco más de 500 niñas y niños a una distancia caminable de diez minutos.

Las primeras observaciones del sitio arrojaron las siguientes problemáticas:

  • Falta de sombra durante el día e iluminación durante la noche.
  • Áreas verdes y áreas con ejercitadores cercadas con rejas. Algunas de ellas bajo llave y completamente cerradas.
  • Área considerada como para niñas y niños, de aproximadamente 900 metros cuadrados, con módulos de plástico en mal estado.
  • Mobiliario de descanso casi nulo y en malas condiciones.
  • La orientación de las dos canchas (de futbol y basquetbol) ocasionan puntos ciegos y evitan una adecuada circulación en el espacio.
  • Presencia de automóviles en el interior del parque.

Posteriormente, ocurrió el primer acercamiento con la Dirección Territorial “Aculco” de la alcaldía de Iztapalapa, la cual se volvió una colaboradora esencial, debido a su contacto directo con la comunidad. Su integración en el proyecto facilitó la implementación de las sesiones vecinales y además permitió conocer el panorama real de la zona, se conocieron las situaciones de alto riesgo a las que usualmente suele enfrentarse la comunidad, tales como robos, asaltos e incluso comentaron que la percepción de inseguridad se había elevado recientemente, debido a una balacera registrada en febrero en frente de la unidad, la cual dejó dos muertos.

Metodología de diseño para el Parque “Picos”:

  • Análisis de sitio
    (Febrero, 2018)
    Primer diagnóstico socio- espacial y levantamiento arquitectónico del estado actual del espacio.
  • Análisis de vida pública
    (Marzo, 2018)
    Metodología para evaluación de espacios públicos de la AEP realizada a través de conteos y encuestas —aplicadas en dos horarios diferentes, durante dos días de la semana (martes y sábado)— para conocer usuarios principales (rango de edad y sexo), procedencia y frecuencia, motivo de visita, usos y principales actividades y por último percepción y calificación de mismo espacio.
  • Talleres de participación infantil
    (Abril, 2018)
    A través de un taller de diseño participativo, las niñas y niños tuvieron la oportunidad de expresar sus principales inquietudes que se encuentra cerca de sus casas y trabajar para detectar áreas de mejora y construir un modelo arquitectónico que les permite materializar sus visiones y gustos. También se utilizó la herramienta de evaluación[7][7] Puedes descargarla en el libro “Jugar la Ciudad” en: https://issuu.com/labcdmx/docs/jugarlaciudad —diseñada por el eje de Ciudad Lúdica— para conocer la opinión y perspectiva que las niñas y niños, al igual que sus acompañantes, tienen de sus espacios. De acuerdo con la opinión de la comunidad infantil del Parque “Picos”, para mejorar la experiencia en el lugar, es necesario:

    • Mayor diversidad de mobiliario de juego (toboganes grandes, trampolines, muros para escalar, columpios y pasamanos).
    • Mejorar el estado de la cancha.
    • Aumentar áreas verdes: más flores, árboles y césped.
    • Mayor seguridad.
    • Menos basura.
  • Sesiones de codiseño
    (Abril – junio, 2018)
    Tras considerar los resultados del análisis de sitio y vida pública, así como aquellos de los talleres de participación, el presupuesto disponible y revisar casos de estudio nacionales e internacionales, se creó un partido arquitectónico a través de una serie de sesiones de diseño conformadas por un equipo multidisciplinario de arquitectos, psicólogos ambientales y diseñadores industriales. En cada iteración, el diseño buscaba surgir desde una visión integral, lúdica e inclusiva a través de la ampliación de áreas verdes para el disfrute y el juego libre en la naturaleza, la reubicación e integración de una cancha multiusos para mejorar la circulación peatonal, apertura del campo visual para aumentar la percepción de seguridad, colocación de mobiliario de descanso y por último, el diseño de un mobiliario lúdico, integrado al espacio para promover habilidades y desarrollos físicos, cognitivos, emocionales y sociales de la infancia.
  • Sesiones vecinales y presentación del proyecto final
    (Julio – octubre, 2018)
    Una vez consolidada la propuesta arquitectónica, se presentó el proyecto ante la comunidad. A la primera sesión asistieron alrededor de 40 vecinos —en su mayoría mujeres— convocados por la Dirección Territorial. El evento inició con una explicación de las decisiones —guiadas por los análisis, entrevistas e ideas de niñas y niños— más relevantes que moldearon al nuevo entorno lúdico:

    • La reubicación y fusión de las canchas mejoraría drásticamente la experiencia del espacio, ya que actualmente sus respectivas orientaciones y dimensiones entorpecen la circulación y visibilidad en el espacio, creado puntos ciegos y propiciando un mal uso del espacio, exponiendo a situaciones de riesgo a algunos sectores de la comunidad.
    • La eliminación de las rejas y la intención por ampliar las áreas verdes, así como el número de árboles y demás vegetación en el espacio, permitiría a la comunidad disfrutar de los beneficios de la naturaleza, al mismo tiempo que solucionar la falta de sombra.
    • El diseño de montículos y áreas elevadas en el espacio, permite un nuevo tipo de mobiliario de juego, con más integración espacial y que catalizan diversos tipos de juegos e interacciones.

Durante el encuentro fue notoria la división de opiniones respecto al nuevo proyecto: algunos integrantes de la comunidad se encontraban a favor de la renovación del espacio, sobre todo porque las niñas y niños tendrían acceso a un mejor entorno urbano. Otros expresaron resistencia ante los cambios, en particular sobre la intención de cambiar de orientación y ubicación las canchas, tampoco estaban de acuerdo en transformarlas en una sola y multiusos. La idea de quitar las rejas y abrir las áreas verdes para el disfrute de todos les resultaba problemático: sus justificaciones —siempre personales— funcionaban en torno a no estaban dispuestos a organizarse y coordinarse para el uso compartido de una cancha y mucho menos para recoger la basura, desechos fecales y demás desperdicio que se pudieran encontrar en las áreas verdes una vez sin rejas. Finalmente, la totalidad de vecinos sólo pudo coincidir sobre el incremento de luminarias y de mobiliario de juego para la comunidad infantil.

Después de otras tres sesiones, la comunidad decidió que el diseño de la propuesta debía modificarse y respetar la ubicación actual de las canchas, de modo que las rejas sólo se podrían abrir parcialmente.

Aprendizajes

El Parque Picos funcionó como un primer intento, que si bien no pudo consolidarse como un terreno lúdico, permitió conocer los principales retos y problemáticas a nivel administrativo, de diseño y participación, que conlleva el diseño y construcción de nueva tipología de espacio público de juego en la actualidad, por lo que la siguiente lista de aprendizajes visibiliza oportunidades de mejora.

  • Es necesario realizar una sensibilización y capacitación —a todos los involucrados en el diseño de un espacio— sobre la importancia del juego en el desarrollo integral de las niñas y niños, así como en el desarrollo de las ciudades y las comunidades. Esto incluye a funcionarios públicos, arquitectos, diseñadores, ingenieros, constructores y desarrolladores, y en particular a la misma comunidad. No sólo con la finalidad del conocimiento sobre los beneficios individuales y colectivos del juego, sino para un óptimo desarrollo, implementación y aceptación de un nuevo tipo de intervención al espacio público, puesto que se ha detectado una resistencia al cambio generalizada.
  • Es necesario mejorar los procesos participativos con la comunidad, ya que las consultas y los procesos de socialización para el diseño de los espacios públicos que hoy en día se llevan a cabo, no permiten el involucramiento constante y directo de las personas que viven o pasan la mayor parte de su día en los entornos urbanos.
  • La creación de un nuevo tipo de espacio para la ciudad requiere nuevas metodologías de diseño que impulsen la participación de las niñas y niños, así como de los integrantes de la comunidad en las diferentes etapas del proyecto, que si bien respeten los usos y costumbres actuales, busquen conducirlas por aquellas que aseguren un bienestar colectivo, un adecuado uso del espacio público y el desarrollo de interacciones e intercambios sanos y lúdicos.
  • Un terreno lúdico en la Ciudad de México no surge de procesos de diseño replicables ni fáciles: requiere de una disposición y tiempos creativos y de exploración entre el tipo de experiencia e interacción lúdica deseada, nuevas formas y materiales, para la creación de entornos con los que sus usuarios puedan desarrollar vínculos más significativos con el resto de la comunidad y con los espacios. De este modo, no se recomienda seguir con la utilización de las fichas técnicas, las cuales contienen información sobre una variedad luminaria, ejercitadores, bancas y módulos de plástico que no representan ningún tipo de desafío para la infancia, ya que desencadenan diseños generalizados sin identidad local y contextual por toda la ciudad, como copiar y pegar espacio público.
  • La implementación de una metodología de diseño para un espacio público de juego se realiza durante un largo periodo de tiempo y además, requiere de un gran equipo multidisciplinario, puesto que la capacidad instalada necesaria para implementar todas sus etapas, necesita de perfiles específicos, los cuales sepan trabajar con y para la comunidad, especialmente con niñas y niños. Perfiles que también sepan sobre el diseño de experiencias e incluso necesita de arquitectos, urbanistas y diseñadores que tengan noción de la relación entre el espacio y el juego.
  • El poco presupuesto para la recuperación de un espacio y su transformación en uno para el juego[8][8] Véase la metodología de diseño, en el capítulo tres: Diseño, de Arquitectura para el Juego Urbano: Lineamientos para Diseñar Espacios Públicos de Juego en la Ciudad de México., requiere de una inversión mayor, por lo que en esta ocasión, los recursos limitados, afectaron las posibilidades de diseño, puesto que se tuvieron que hacer algunos reajustes y sacrificios de mobiliario de juego, por otros elementos del espacio más urgentes, como la iluminación.
Futuro

Incluir a los los involucrados en la planeación, diseño, construcción y mantenimiento de un espacio (funcionarios públicos, desarrolladores, constructores, comunidad) en los procesos de sensibilización y capacitación sobre la importancia del juego como un elemento esencial para la cohesión comunitaria, la revitalización espacial y el desarrollo integral de la infancia.

  • Impulsar la utilización de la metodología para diseñar espacios públicos de juego, establecida en Arquitectura para el Juego Urbano.
  • Evitar el uso de fichas técnicas, para el diseño de un espacio público de juego, sobre todo en términos del mobiliario de juego e impulsar una mayor exploración creativa para su realización.
  • Impulsar colaboraciones entre las instancias de gobierno, que permitan una mayor obtención de recursos, para la creación de espacios públicos de juego.
  • Modificar tiempos de diseño, licitación y construcción para el mejor desarrollo de un proyecto lúdico en el espacio público.