Experimento 2018

Donadores de Datos CDMX

Replicabilidad Alta
Estatus En proceso
Actualizaciones del experimento
Provocación

En la transición del paradigma de Gobierno Abierto a Ciudad Abierta, así como en el tema de gobernanza urbana, existe una naciente conversación de cómo generar valor público también desde la ciudadanía y el sector privado, distribuyendo poder y responsabilidades.

Con esto en mente, en terreno de datos abiertos, ¿qué pasaría si los empezamos a entender como un recurso comunitario?, ¿cómo promover entonces una cultura de datos abiertos también en el sector privado y a nivel individual, en especial alrededor de temas tan importantes como salvar vidas? Y así como la gente dona sangre, se pudiera donar datos para el bien común.

Historia

Vivimos en una época donde, inadvertidamente, miles de datos sobre nuestra vida cotidiana están siendo recolectados de manera masiva: nuestros hábitos alimenticios, preferencias musicales, traslados, círculos sociales, entre otros. Hemos creado de manera no deliberada, las más detalladas bitácoras de vida en la historia de la humanidad.

A pesar de ser un activo creado colectivamente, la gran mayoría de esta información es almacenada por corporaciones y entidades privadas, sin que sus creadores tengamos acceso a ella, impidiendo que este potencial bien público pueda ser usado para el bienestar común.

Estos datos en posesión de las grandes empresas pueden ser utilizados para generar análisis con valor público. Por ejemplo, la cantidad y frecuencia de las recargas de tiempo aire a teléfonos celulares, puede ser utilizada para estimar el ingreso de los hogares de los usuarios. La información en posesión de las tiendas de conveniencia puede ser cruzada con aquella de las compañías telefónicas, para generar un proxy de ingreso.

Con los controles adecuados, y con el cruce de más información relevante sobre patrones de consumo, este tipo de análisis pueden sustituir a las encuestas de ingreso y gasto de los hogares. El costo social de analizar los datos sería mucho menor que el del diseño y despliegue de este tipo de encuestas.

Un correcto análisis sobre los datos de localización de los teléfonos móviles, por mencionar otro ejemplo, no sólo puede aproximarse, sino que inclusive arrojaría información de mayor calidad que la obtenida a través una encuesta origen-destino. De la misma manera, el costo social es menor que un levantamiento de encuesta.

La utilidad de estos datos colectivos bajo el resguardo de empresas y de particulares adquiere una especial relevancia en situaciones de emergencia o crisis. Tras el terremoto del 19 de septiembre, la población de la Ciudad de México se organizó de manera extraordinaria para brindar asistencia y apoyo a damnificados, rescatistas, y los servidores públicos desplegados en las zonas de derrumbes.

Como producto de esta respuesta, se llevó a cabo una movilización masiva de recursos humanos, financieros y materiales, privados y públicos, que no siempre eran asignados de manera eficiente a los sitios donde se requerían. En estas situaciones, la simetría en la información es fundamental para brindar respuestas rápidas y efectivas a quienes más lo necesitan.

En un nivel sistémico, el cruce y análisis de los recursos, talentos, habilidades y activos con los que cuenta una ciudad resulta fundamental. Esto, puede lograrse bajo una cultura de datos abiertos, y sobre todo con un nuevo paradigma que nos permita entender esta información colectiva como un recurso común.

Hay ciudades que empiezan a explorar cómo legislar alrededor de este tema que va a requerir otro tipo de aproximaciones; inclusive otro tipo de diseños institucionales y articulaciones que interoperan (y por ende desdibujan) las líneas divisorias entre lo público y lo privado.

Desafío

En un análisis publicado en la Harvard Business Review, Robert Kirkpatrick, director de la Global Pulse Initiative de la Organización de las Naciones Unidas, menciona que inclusive los expertos en el sector privado reconocen que para poder explotar todo el potencial del big data es necesario cruzar distintos conjuntos de datos provenientes de diversas fuentes.

Las conversaciones en redes sociales pueden ser cruzadas con datos de los teléfonos móviles y con patrones de consumo para obtener un panorama más amplio de lo que se necesita tras una crisis como un desastre natural. Este tipo de análisis quizá requieran que distintas compañías compartan información potencialmente sensible; no puede esperarse que lo hagan a menos de que estén convencidos de la existencia de un beneficio público.

Es necesario, por otra parte, llevar a cabo un análisis del marco jurídico que regula la protección de información en posesión de los particulares. Si bien las medidas de anonimización que por defecto son practicadas en estos conjuntos de información son más que suficientes para proteger la identidad, seguridad y privacidad de las personas, es probable que en estas leyes las empresas encuentren un primer obstáculo regulatorio a la innovación en materia de donación de datos. Inclusive si legalmente las empresas se encontraran impedidas de compartir información particular o granulada, los metadatos que recopilan y almacenan tienen aún una enorme relevancia pública.

Por otro lado, también se tienen que plantear los costos, inmediatos y de oportunidad, en los que incurrirían las empresas en caso de hacer una donación de datos. En las conversaciones actuales sobre big data se equipara a este recurso como el insumo básico de la economía digital, comparable a lo que el petróleo representó durante el siglo XX.

En una época donde las utilidades determinan las estrategias empresariales, y en ocasiones las dinámicas sociales, sería ingenuo pensar en una donación de datos que representara potenciales pérdidas para una empresa aduciendo únicamente a la filantropía de hacerlo.

En este sentido, es importante tomar en cuenta la existencia de una transición generacional y el surgimiento de nuevas preferencias de los consumidores jóvenes. Medios especializados señalan que durante los próximos años, los grupos poblacionales referidos como generación X y millennials, serán objeto de la transferencia más grande de riqueza en la historia de la humanidad.

Estos segmentos de mercado, que serán los mayoritarios en el corto plazo, cuentan con distintos valores, y por lo tanto conductas de consumo. En este sentido, existen análisis que demuestran que los nuevos consumidores esperan más que un buen producto o servicio para tomar sus decisiones de consumo. En cambio, la responsabilidad social, compromisos éticos e inclusive posturas políticas que adoptan las empresas, son considerados como factores determinantes al momento de consumir.

Teoría de cambio

Cada vez es más claro que dada la complejidad del mundo contemporáneo, las sociedades y gobiernos del siglo XXI deben transitar a esquemas de cogobernanza y de gestión compartida de recursos comunes, tanto urbanos como digitales. Por una parte, es necesario reconocer que el gobierno no puede ofrecer todas las soluciones a los problemas públicos; por otra, es evidente que no cuenta con toda la información para hacerlo.

Además de no contar sets de datos relevantes para atender asuntos de interés público, ningún gobierno a nivel mundial cuenta con la capacidad para explotar de manera óptima y por su propia cuenta las grandes cantidades de información que generan los ciudadanos.

En este sentido, la participación del sector privado es fundamental en la nueva cultura de datos abiertos y adentrarse a preceptos de digitales comunes, sobre todo en los nuevos modelos de gobernanza distribuida que pueden derivar de estas iniciativas. Más allá de un planteamiento de empresas socialmente responsables, la participación de los privados con sus datos y su capacidad de análisis es un tema de interés público[1][1] Harvard Business Review https://goo.gl/4cBojY.

Propuesta

En el Laboratorio para la Ciudad creemos que es necesario transitar de un paradigma donde los datos son percibidos como propiedad industrial, a uno donde los datos generados por usuarios individuales se unen para crear un recurso común. Para que esto suceda, no sólo se deben visibilizar aquellos casos de éxito donde el análisis de datos haya mejorado la calidad de vida de las personas, sino que se debe demostrar que los planteamientos del movimiento de lo abierto –open movement– no son incompatibles con modelos de negocios.

Data Donors: empresas

El planteamiento que hace el Laboratorio representa un escenario ganar-ganar para los participantes en la iniciativa Donadores de Datos CDMX. La propuesta es identificar a empresas que tengan bajo su resguardo bases de datos que representan un potencial interés público. A través de la creación de alianzas estratégicas con estas empresas, se establecen convenios específicos de colaboración en los cuales se delimitan los alcances y temporalidad de la cesión de estos datos, para que el Laboratorio o sus aliados lleven a cabo análisis de los mismos.

En este mismo convenio se especifica puntualmente el beneficio público que se pretende alcanzar a través del procesamiento de la información, y el esquema de donación está condicionado en todo momento a la existencia de este beneficio o interés público.

Por mencionar un ejemplo, al compartir datos sobre hechos de tránsito (“accidentes” viales), las compañías aseguradoras pueden participar en el diseño e implementación de políticas de seguridad vial. Así, estas compañías no sólo estarían formando parte de la creación de acciones gubernamentales que salvan vidas, sino que generarían ahorros con la reducción de hechos de tránsito y eventualmente podrían disminuir las primas y costos para sus clientes.

Al visibilizar la participación de estas empresas en los proyectos, y vincular su filantropía de datos a un beneficio público tangible, el sector privado se ve beneficiado ante sus consumidores y la sociedad en general. La visión que proponemos, similar al planteamiento de Kirkpatrick, es la de una sociedad en la que el sector privado contribuye a un fondo común de datos, gestionado por centros de investigación cuyos alcances y licencias para la utilización de los mismos es limitada y condicionada en todo momento a la generación de bienestar público.

Data Donors: ciudadanos

Además de promover la donación de los datos en posesión de empresas, otro enfoque que desde el Laboratorio hemos comenzado a explorar dentro de un nuevo paradigma de datos como un recurso común, es el de las aportaciones voluntarias de datos por parte de los individuos.

En 2011, se dio a conocer que los iPhones guardaban la localización de los usuarios en un archivo oculto y ésta era enviada a Apple para su resguardo, aparentemente sin autorización explícita de los usuarios[2][2] New York Times https://goo.gl/YzEeZk. Como respuesta, Apple anunciaba una actualización donde se reducía la cantidad de memoria dedicada a esta información, y evitaba su envío automático vía la sincronización con iTunes. Sin embargo, la información seguía siendo colectada y utilizada por la compañía.

Ante esta situación, que abrió un gran debate sobre la privacidad y seguridad de la información que los usuarios involuntariamente generan para las empresas, Jer Thorp lanzó el proyecto openpaths.cc. Open Paths le permitía a los usuarios subir los datos de localización colectados por sus iPhones, almacenarlos de manera segura, y explorarlos y explotarlos en una interfaz gráfica. Asimismo, la iniciativa ofrecía a los usuarios la posibilidad de donar sus datos a proyectos de investigación que éstos pudieran considerar útiles.

Eventualmente, las actualizaciones del sistema operativo de Apple le impidieron a los usuarios tener acceso a estos datos de localización que ellos mismos generaban. Sin embargo, Open Paths fue una importante aportación a la reivindicación de los derechos que los usuarios pueden y deben ejercer sobre los datos que generan y que terminan en posesión de empresas.

Otro ejemplo de esquemas de aportaciones individuales de datos plantea la donación de los datos relacionados a tendencias de consumo y hábitos alimenticios, con la información obtenida de las compras de los usuarios en supermercados, con fines de investigación médica y en temas de salud pública.

En un escenario ideal, esta información podría ser centralizada en un centro de investigación donde también concurrieran los datos de ingresos hospitalarios o del sistema de salud pública. Al alcanzar una masa crítica, los donadores de datos aportarían información de suma importancia para identificar patrones de consumo tanto de productos, alimentos, e ingredientes específicos y su causalidad con enfermedades particulares.

Esta exploración sobre la donación individual de datos, fue el sustento de la propuesta que presentó la Ciudad de México ante el jurado del Audi Urban Future Award en su edición 2014. La propuesta partía de la donación individual de datos de movilidad para integrar un sistema operativo que permitiera a los ciudadanos y a las autoridades mejorar la toma de decisiones sobre los desplazamientos, controles viales y demás acciones encaminadas a mejorar la movilidad de las personas.

La propuesta presentada por el Laboratorio para la Ciudad y un grupo de aliados expertos en la materia, fue ganadora de esta edición de uno de los premios más reconocidos en temas de movilidad. A su vez, esta exploración vio materializados sus principios y beneficios del crowdsourcing de datos en Mapatón CDMX.

Resultados

Como parte del experimento Donadores de Datos (IICD), el Laboratorio para la Ciudad facilitó la firma de un convenio con el Instituto Internacional de Ciencia de Datos, mediante el cual se creará el primer Repositorio Comunitario de Datos Abiertos de la CDMX. Los datos donados por el IICD alimentarán la plataforma Visión Cero CDMX, donde además convergen datos de incidentes viales de distintas dependencias del Gobierno de la ciudad.

Esta suma de voluntades entre sector privado y gobierno se hace con el objetivo específico de facilitar la toma de decisiones basadas en evidencia en materia de seguridad vial, que en consecuencia última mejorarán las políticas y acciones implementadas para salvar vidas en las calles de la capital.

Aprendizajes
  • La apertura de bases de datos por sí misma no genera valor público, pero es un elemento fundamental para que la ciudad pueda resolver de mejor manera los retos urbanos. En este sentido, la apertura no debe considerarse un fin en sí mismo, sino un medio para lograr una mejor articulación entre la ciudadanía y el gobierno.
  • Las estrategias de datos abiertos no deben ser confundidas por estrategias de apertura gubernamental; los datos son sólo el primer paso y un piso mínimo sobre el cual se construye una Ciudad Abierta.
Futuro

La utilidad del crowdsourcing de datos ciudadanos ha sido demostrada en proyectos realizados por el Laboratorio, como Mapatón y Constitución CDMX. Un esquema de donación de datos en una escala individual y corporativa no sólo tendría un potencial beneficio público, sino que ayudaría a fortalecer la cultura de datos, educación sobre privacidad, y a reivindicar los derechos de los generadores de datos.

Idealmente, una cultura de datos abiertos promovería un cambio radical en la concepción que tenemos sobre la información en el siglo XXI. Como lo plantean investigadores mexicanos de la Universidad de Stanford en una reciente publicación académica, en un mundo de inteligencia artificial y automatización, existe una lógica económica detrás de un planteamiento de esta naturaleza[3][3] The Economist, https://goo.gl/4po2x6.

De acuerdo a esta visión sobre el futuro de los datos (y de su generación, almacenamiento y explotación), dada la importancia creciente que los datos generados por los usuarios tienen en la economía, no sería impensable que en un futuro, más que formar parte del capital de una corporación, estos datos sean considerados como mano de obra, insumo por el cual las empresas tienen que retribuir a sus trabajadores, todos nosotros.