La construcción de la imaginación pública en las comunidades urbanas

César González

Rosa Parks, una trabajadora doméstica de raza negra, toma el transporte público de regreso a casa. A bordo, busca un asiento libre a mitad del autobús y elige uno destinado para las personas de raza blanca. A medida que suben más pasajeros, el conductor ordena a todos los pasajeros de color desocupar los lugares para cederlos a los blancos.

Parks es la única en negarse a levantarse de su asiento; por lo tanto, es arrestada. A la mañana siguiente, el caso de Rosa Parks se difunde como pólvora entre la comunidad, detonando el movimiento social contra la segregación racial y en defensa de la igualdad de derechos civiles. Es 1955 en el conservador poblado estadounidense de Montgomery, Alabama.

“Rosa Parks remarcó la inaceptable situación de un espacio institucionalmente catalogado como público, pero que, en la práctica, permanecía socialmente inaccesible para algunos”, apuntó Teddy Cruz en la charla “Imaginación política y laboratorios urbanos: hacia nuevos modelos de ciudadanía creativa e infraestructuras participativas” que se realizó el 6 de diciembre la Azotea del Laboratorio para la Ciudad.

En este sentido, el caso de Parks ejemplifica el poder de transformación política de un acto cívico fundamentado en la imaginación de nuevos escenarios posibles para la vida pública, añadió Cruz.  

Teddy Cruz y Fonna Forman, investigadores en cultura pública, urbanización y teoría política por la Universidad de California en San Diego, invitaron a la revisión crítica de ideas como participación, inclusión y justicia social, urgiendo a no perder de vista las lecciones que los resultados de anteriores modelos de cultura ciudadana, efectuados con éxito en ciudades latinoamericanas, pueden aportar a la experiencia mexicana.

“Casos como los de Bogotá y Medellín en Colombia han mostrado cómo diseñar procesos ciudadanos al servicio de la justicia social y la inclusión de todos los sectores involucrados en la construcción de la ciudad”, señaló Fonna Forman.

Alcaldes visionarios como Antanas Mockus y Sergio Fajardo supieron elaborar esquemas de gobierno basados en la participación, la cultura cívica y las colaboraciones interinstitucionales con un enfoque cultural, comunitario e incluso artístico. Cabe recordar el programa de Cultura Ciudadana impulsado por Mockus para la transformación moral de Bogotá, con estrategias como la implementación de mimos como agentes de tránsito o la autorregulación cívica con tarjetas ciudadanas, uno de los primeros proyectos de intervención con pedagogía urbana en latinoamérica.

Antes de pensar en grandes proyectos arquitectónicos o de infraestructura física, debemos considerar que la verdadera transformación urbana se desarrolla desde el reconocimiento y la construcción de la infraestructura simbólica de los ciudadanos. Para Cruz y Forman, la justicia social en las ciudades trasciende la mera redistribución de los recursos materiales; es fundamentalmente un asunto de redistribución de los saberes que la configuran. En este sentido, Sergio Fajardo, en Medellín, edificó una política cívica coherente para hacer frente a los retos de la desigualdad socioeconómica en la urbe desde la educación, el emprendimiento y la participación.

Teddy Cruz y Fonna Forman presentaron dos proyectos de cultura cívica. En colaboración con el gobierno de Sergio Fajardo, diseñaron El Diagrama Medellín, un proyecto de exploración y visualización de los procesos políticos y ciudadanos en dicha ciudad a manera de ruta crítica para futuras intervenciones urbanas. Por otro lado, con la participación de Antanas Mockus y su Encuesta de Cultura Ciudadana generaron la Encuesta de Cultura Ciudadana Binacional (Binational Citizenship Culture Survey), un instrumento para medir y visibilizar las normas, valores, intereses y responsabilidades compartidas entre los habitantes de la frontera Tijuana-San Diego.

Para Cruz y Forman, es precisamente en las fronteras que delimitan a las comunidades en donde suceden las interacciones socioculturales que pueden generar nuevos paradigmas de participación y cultura cívica para entablar diálogos hacia la construcción de ciudades más horizontales, inclusivas y equitativas.

“La ciudadanía es antes que todo un acto creativo”, señalaron los fundadores de la UCSD Cross-Border Iniciative. Es un ejercicio que permite transformar los rígidos protocolos institucionales y potenciar la capacidad pedagógica de la convivencia en el espacio público, añadieron. Sin embargo, también subrayaron que para la transformación urbana no basta con la creación de un clima participativo.

Para el pleno aprovechamiento de la imaginación cívica, resulta fundamental la existencia de instancias de mediación y colaboración que permitan comunicar la creatividad ciudadana, emanada de abajo hacia arriba, con los recursos y el conocimiento especializado que fluyen de arriba hacia abajo.

¿En dónde está, entonces, nuestra imaginación pública? La conversación sobre la justicia social debe comenzar por confrontar la desigualdad socioeconómica repensando críticamente la maquinaria política y cultural que abona al desarrollo urbano desigual. Sólo a partir de situarnos en ese contexto es que podemos buscar nuevas prácticas para proyectos urbanos más inclusivos: no en los sitios convencionales del poder político o económico, sino desde los lugares de escasez y las zonas de conflicto.

Debemos ubicar la mirada en los espacios urbanos marginalizados, en aquellos lugares en donde los propios ciudadanos, presionados por la injusticia socioeconómica que experimentan día con día, se ven impulsados a imaginar nuevos escenarios posibles para incidir en la vida pública de sus comunidades.